Proyecto Escolar: Interpretando a la Recta Provincia
¿Cuál fue la motivación para realizar este proyecto sobre la Recta Provincia con los estudiantes?
Mi motivación nació de la curiosidad por la brujería. La primera vez que escuché de la Recta Provincia fue en una visita a la cueva de Quicaví, donde me contaron sobre los poderes de los brujos. Luego supe que no era solo una leyenda, porque hubo un juicio real en 1880. Desde entonces quise entender cómo fue ese proceso y por qué. Hasta hoy, en la cultura popular chilota se habla de los brujos como parte de la identidad local, sin miedo ni burla. También quería saber qué piensan mis estudiantes —tanto los que son chilotes como los que vienen de otros lugares— sobre la existencia de los brujos, si conocían el tema y de dónde proviene esa creencia.
¿Cómo fue el proceso de implementación del proyecto con los estudiantes?
Lo primero fue tomar fuentes históricas y también algunos relatos de cultura general del entorno. A partir de eso, surgió la necesidad de imaginar cómo enfrentar un tema que tiene un fuerte componente ficticio, pero trabajarlo desde la historia. Para eso fue clave acercarnos también a las asignaturas de Lenguaje y Arte, cuyas profesoras Isabel Seguel y Sandra Rogel, colaboraron muchísimo y dieron el espacio para interpretar, crear y representar lo aprendido. Así, los quintos básicos trabajaron el contexto colonial y el mestizaje en la fundación de la cofradía, los sextos básicos llevaron a escena el juicio en formato de miniserie actuando distintos episodios, y los octavos se enfocaron en un trabajo más investigativo y en replicar escenas históricas a través de la fotografía.
¿Qué aprendizajes cree que obtuvieron los estudiantes al desarrollar este proyecto?
Creo que los aprendizajes fueron varios. En lo histórico, entendieron que la Recta Provincia no es solo un mito, sino que hubo un juicio real con documentos, nombres y condenas. En lo cultural, vieron cómo en Chiloé se mezclan tradiciones indígenas, creencias populares y elementos traídos por los españoles. Además, aprendieron a investigar en fuentes, a expresarse mediante la escritura y el arte, y a trabajar en equipo. En sexto básico hubo un aprendizaje especial en el uso de herramientas de actuación, al montar escenas para la miniserie. Y en octavo básico desarrollaron habilidades nuevas en el manejo de inteligencia artificial y edición fotográfica para replicar escenas históricas. Lo valioso es que descubrieron que la historia de su propio entorno puede ser tan interesante como la de cualquier parte del mundo.
¿Qué impacto cree que tiene este tipo de proyectos en la formación de los estudiantes?
Este tipo de proyectos tiene un impacto fuerte porque conecta la historia con la vida real. Los estudiantes no solo leen sobre un tema, sino que lo investigan, lo representan y lo hacen suyo. Eso genera mayor interés, mejora la comprensión y fortalece la identidad local. Además, permite que desarrollen habilidades que van más allá de lo académico: expresarse frente a otros, trabajar en equipo, valorar la diversidad cultural y sentirse parte de la historia de su territorio. En este caso, se vieron muy motivados al notar la ambición del proyecto, que abarcó tres cursos y varias asignaturas. Eso los hizo sentirse importantes dentro de la iniciativa y conscientes de que eran parte de algo especial y significativo.
¿Qué proyecciones tiene para seguir trabajando este tipo de iniciativas?
El próximo desafío será trabajar el bicentenario de la anexión de Chiloé al territorio chileno. Pretendo realizarlo como un programa paralelo y complementario a la asignatura, que permita a los estudiantes mirar este hecho desde distintas perspectivas. Espero aprovechar la autonomía que tengo para generar una mayor cercanía con padres, apoderados y también con otros colegas, de modo que no sea solo un proyecto de aula, sino una experiencia que involucre a toda la comunidad educativa.
¿Qué mensaje le gustaría entregar a la comunidad educativa a partir de este proyecto?
El mensaje que me gustaría transmitir es que la historia de Chiloé no es solo pasado, sino que sigue viva en las creencias, en la cultura y en la memoria de la gente. Cuando los estudiantes trabajan estos temas de manera activa, se dan cuenta de que lo local también tiene un enorme valor y merece ser estudiado y respetado. Como alguien externo a la isla, creo que sería ideal que la propia comunidad valore este rasgo identitario tan propio, porque en él hay una riqueza que merece orgullo y protección. La historia de los brujos de Chiloé nos muestra que lo nuestro puede ser un puente para aprender con más interés y orgullo, y espero que la comunidad educativa siga apoyando este tipo de proyectos.
¿Qué desafíos encontró al llevar a cabo esta iniciativa?
El principal desafío fue trabajar un tema que se mueve entre la historia y la leyenda. Había que mostrarlo con seriedad, usando fuentes y documentos, pero también respetando el componente cultural y popular que lo hace tan atractivo. Otro reto fue coordinar a varios cursos y asignaturas, lo que exigió bastante organización y trabajo colaborativo. Ahora bien, el proyecto no dio todos los frutos que yo esperaba: tuve que adecuarme a la institucionalidad y acortar muchas de las actividades que había planificado. Además, algunos colegas no pudieron participar, ya sea por temas médicos o porque no estaban motivados. Aun así, siento que la experiencia permitió avanzar y abrir camino para seguir intentando proyectos de esta envergadura.
¿Cómo percibe la recepción de los estudiantes y la comunidad ante este trabajo?
La recepción de los estudiantes fue positiva, porque se motivaron con la idea de investigar y representar escenas de un tema que conocían solo como mito. Para muchos fue sorprendente descubrir que hubo un juicio real, con documentos y condenas. En cuanto a la comunidad, hubo interés y curiosidad, ya que se trata de un rasgo identitario muy ligado a Chiloé. Sin embargo, siento que el proyecto no dio todo su potencial posible: pudo haber tenido más alcance y mayor participación si las condiciones hubiesen estado dadas para desarrollarlo en plenitud.
¿Cómo cree que este proyecto aporta al rescate y valoración de la historia y la identidad local?
Creo que este proyecto aporta porque acerca a los estudiantes a un episodio propio de Chiloé que normalmente se cuenta solo como leyenda. Al trabajarlo desde la historia, con fuentes y documentos, se demuestra que la Recta Provincia no es solo un mito, sino parte de la memoria colectiva de la isla. La enseñanza más grande es que los alumnos comprendieron por qué a Chiloé se le llama la isla mágica de Chile, y que existió un grupo que ejerció poder basado en conocimientos indígenas ancestrales mezclados con elementos religiosos traídos desde España. Ese mestizaje es lo que hace única la identidad cultural chilota y lo que ellos aprendieron a valorar.
¿Qué mensaje le gustaría dejar a quienes lean esta entrevista sobre el valor de proyectos como este?
El primer mensaje que me gustaría dar es que los proyectos escolares son difíciles, pero muy valiosos, así que hay que atreverse a arriesgarse. La diversidad de estrategias también desafía a los estudiantes, y aunque las cosas no siempre resulten como uno quiere, vale la pena, porque en ese camino se pueden despertar otras habilidades e intereses en ellos. Además, trabajar con la Recta Provincia permitió valorar la identidad local de Chiloé, mostrando que nuestra historia y cultura pueden ser la base de aprendizajes significativos y de un orgullo compartido.
Quisiera agradecer a todo el equipo de trabajo, especialmente a las profesoras Isabel Seguel y Sandra Rogel que por aceptar mi propuesta y modificar su planificación para lograr este producto.



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