¿Qué es Cetáceo Negro?
Melissa Tassara, profesora de Castellano, nos da un testimonio de lo que es esta agrupación que, durante años, fue una referencia del Stampunk en Región de Valparaíso
Mi nombre es Melissa Tassara Guerrero, soy profesora de Castellano y vivo en Valparaíso. Trabajo en educación pública, así que paso buena parte de mis días rodeada de libros, cuadernos y niñas que están descubriendo quiénes son, qué les duele y qué les gusta leer.
Desde chica la ficción fue mi refugio y mi forma de entender el mundo, y con los años eso se convirtió en una mezcla entre vocación y obsesión bonita: leer, escribir y compartir historias. Ahí apareció la ciencia ficción, el steampunk y todo este universo de engranajes, máquinas imposibles y preguntas incómodas sobre la sociedad en que vivimos.
Para mí, el steampunk no es solo una estética llamativa o un juego de vestuario: es también una forma de hacer política desde la ficción. Tomar esta “nostalgia” por la época victoriana y usarla para hablar de clase, de ciudad, de cuerpos, de violencia y de feminismo; para preguntarnos quiénes quedan fuera del cuadro y qué historias no se han contado.
Además de la docencia, escribo cuentos y proyectos vinculados a la fantasía y la ciencia ficción, muchas veces situados en Valparaíso. Me interesa especialmente cómo lo cotidiano puede volverse extraño y maravilloso con un pequeño giro de tuerca. Entre aula, maternidad, lecturas y engranajes, trato de mantener vivo ese espacio de juego y curiosidad que, al final, es lo que me trajo hasta el steampunk.
¿Cuáles eran sus primeros acercamientos a la literatura fantástica?
Mi madre fue la gran gestora de mis primeros acercamientos a la literatura en general. En casa siempre hubo una biblioteca y ella me invitaba a explorar distintos estilos y autores. En ese recorrido aparecieron las primeras historias fantásticas, y fue con Verne, en particular, que sentí que se me abría un universo completamente nuevo.
¿Cómo se enteró de la agrupación?
Me enteré del taller a través de Balmaceda Arte Joven, en Valparaíso. En ese espacio se impartían distintos talleres y, cuando vi la propuesta ligada a la escritura y al steampunk, me llamó de inmediato la atención.
¿Cómo surge el grupo?
El grupo surge en un taller de escritura creativa en Balmaceda Arte Joven, impartido por el profesor Marcelo Novoa. Allí comenzamos a escribir sobre steampunk y, entre las y los participantes, creamos a Cetáceo Negro.
Nuestro primer gesto fue generar un gacetín el 24 de octubre de 2014, emulando los periódicos de la época: microrrelatos presentados como noticias, bajo el título “Bombardean Valparaíso”. Todo esto ocurrió en la antesala de la presentación del libro Secretos perdidos en Allasneda, de Sascha A. Hannig.
¿Cómo fue el proceso de incorporación?
Al tratarse de un taller, la incorporación fue muy orgánica: pasamos de ser participantes del curso a conformar el colectivo. En el fondo, nos quedamos quienes nos enamoramos del steampunk y de la idea de seguir creando en conjunto.
¿Cuán relacionado estaba con el Steampunk antes de pertenecer a la agrupación?
La ciencia ficción ha sido parte importante de mi vida desde siempre. Al principio mi interés estaba muy marcado por los futuros distópicos y el cyberpunk, pero justamente desde ahí empecé a sentir que el género empujaba una respuesta, casi una protesta, frente a esa tecnología fría y deshumanizada.
Esa búsqueda me llevó al steampunk, que para mí es una evolución esperable: toma las preguntas del cyberpunk y las lleva a un “pasado alternativo”, donde la máquina de vapor, los engranajes y la artesanía conviven con la crítica social.
A partir de esa curiosidad empecé a investigar más: su historia, las referencias victorianas, las estéticas, la mezcla entre literatura, moda y activismo. Primero lo viví desde la lectura y la exploración visual, y luego empecé a crear mis propios personajes e historias. Así que, cuando conocí la agrupación, yo ya estaba muy vinculada al steampunk a nivel personal; lo que faltaba era dar el paso hacia lo comunitario y encontrar gente con quien compartir ese universo.
¿Quiénes se juntaron en las primeras reuniones?
Al inicio no buscamos abiertamente sumar más gente; éramos más bien herméticos y funcionábamos entre quienes habíamos coincidido en el taller. Poco a poco fuimos generando más instancias de participación, como juntas steampunk abiertas a la comunidad.
Las primeras personas en participar, como comenté, fueron quienes estaban en el taller: Marcelo Novoa, Jonathan Galarce, Mauricio Ruiz, Lora Curtis, Bonnie Blanchard, Paulina Salas, Valeria Barahona, Chopa Sánchez y Sina de la Fiol.
¿Cómo surge el nombre de Cetáceo Negro?
El nombre nace, cómo no, del puerto y de la presencia constante del mar. Mezcla una referencia literaria a Moby Dick con un giro más oscuro y misterioso. Así apareció este cetáceo que navega entre las aguas de Valparaíso y la imaginación.
¿Cuáles fueron las primeras actividades de la agrupación?
Nuestros primeros movimientos fueron los microrrelatos. Generalmente proponíamos un tema y cada integrante enviaba un texto que no superaba las 150 palabras; con ese material nos autopublicábamos y dábamos vida a nuevos gacetines.
Más adelante, con la actividad Steampunk Hands Around The World, organizamos juntas abiertas a otras personas que compartieran el gusto tanto por la estética como por la literatura steampunk.
¿Cómo fue el proceso de crecimiento de la agrupación?
Al ser un colectivo literario, invitábamos a quienes quisieran participar a enviarnos sus escritos para publicarlos en nuestros gacetines. Con el tiempo empezamos a recibir colaboraciones no solo de textos, sino también de ilustraciones de personas seguidoras de esta corriente, y eso enriqueció mucho el proyecto.
¿Hubo algunas otras agrupaciones que crecieron en paralelo a Cetáceo Negro?
Con la segunda celebración de Steampunk Hands Around The World llegó suficiente gente motivada como para formar una nueva agrupación. Nosotros, al ser un colectivo principalmente literario, no alcanzábamos a todo el público, sobre todo a quienes se acercaban al steampunk desde la estética y la vestimenta.
Así es como surge, en 2017, Catalejo Marino, agrupación que más tarde pasaría a llamarse Valparaíso Steampunk.
¿Cuáles publicaciones surgieron de la agrupación?
Desde Cetáceo Negro publicamos físicamente cinco gacetines y una gaceta de mayor extensión.
En nuestro blog, cetaceonegro.blogspot.com, hay aún más material, porque una de nuestras integrantes, Paulina Salas, se dedicó a investigar el steampunk, realizando entrevistas y diversas colaboraciones sobre el tema. Además, organizamos un desafío de escritura con 31 temas distintos, entre otras publicaciones.
¿Cómo funcionaba Cetáceo Negro?
Tras finalizar el taller, decidimos mantener el contacto y seguir trabajando juntas y juntos. Publicábamos en la medida de nuestras posibilidades, coordinándonos principalmente de manera virtual, pero siempre con la intención de que el Cetáceo siguiera a flote.
¿Cómo fue el momento de mayor actividad y popularidad de la agrupación?
Nuestro periodo de mayor actividad y visibilidad fue entre 2015 y 2019. En esos años participamos en diversos eventos y organizamos el Primer Festival steampunk de la región: Rioja Steampunk Festival, un evento de dos días realizado el 16 y 17 de febrero de 2019.
Para nosotras, Rioja fue un antes y un después. Por un lado, demostró que éramos capaces de levantar un evento grande, resolver imprevistos en vivo y sostener un universo completo durante dos jornadas. Por otro, puso sobre la mesa preguntas incómodas sobre autoría, reconocimiento y distribución del trabajo: quién aparece en la foto, quién firma y quién se queda hasta el final recogiendo los engranajes que quedaron botados.
Esa experiencia confirmó algo que ya intuíamos: que el steampunk, más que una estética bonita, es también un espacio donde se disputan poder, narrativa y memoria.
Nota del editor: Fotos extraídas del perfil de Facebook de Cetáceo Negro



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